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La insignificante hormiga

  • Foto del escritor: Gerardo Herrera G.
    Gerardo Herrera G.
  • hace 7 horas
  • 2 min de lectura

Pero si solo soy una hormiga, como puedo mover una montaña


En la vida real una colonia de hormigas puede mover una montaña (toneladas de tierra y hojas), gracias a su fuerza biológica y organizacional.


Constancia, previsión y trabajo en equipo.

Las hormigas no piensan en contribuir a un mundo mejor, solo lo hacen. Tampoco piensan en hacer un cambio, solo lo hacen y menos en hacer su mundo sostenible, solo lo hacen.


La sostenibilidad planetaria es como un hormiguero, se construye día a día y se adapta a las circunstancias ambientales, en beneficio de la comunidad. Sin embargo, haciendo una analogía, el ser humano destruye día a día, sin saber cómo adaptarse a las circunstancias ambientales, en detrimento su esencia natural.


Con base en esto, podemos comprender que tus acciones pueden contribuir a un cambio socioambiental, desde lo individual, a partir de tu trabajo continuo moviendo solo un granito de tierra. Los seres humanos tenemos la capacidad de encontrar soluciones en equipo, como las hormigas, pero necesitamos mayor colaboración y consciencia ambiental.


Un estudio resalta que las hormigas trabajan colectivamente sin necesidad de un líder. Cada individuo contribuye de manera autónoma pero coordinada al bien común, siguiendo principios como la comunicación.

"Su enfoque descentralizado les permite resolver problemas complejos. Esto permitiría a las comunidades resolver de manera más ágil y efectiva, ante problemas ambientales que requieren atención inmediata".

Uno de los datos más relevantes, en un estudio publicado en Forbes, es que una colonia de 40.000 hormigas equivale al poder cerebral de una mente humana. Sin embargo, su verdadera fortaleza radica en la inteligencia colectiva, donde la suma de las acciones individuales supera con creces la capacidad de un solo individuo. Esto nos invita a replantearnos el trabajo en equipo.


Luego entonces, así como las hormigas colaboran para continuar la vida, los seres humanos tenemos la misma capacidad de conservación y restauración. Así como una hormiga puede mover una montaña, los seres humanos podemos hacer cambios profundos en restauración. La hormiga jamás destruyó, y cada día sigue construyendo. El ser humano a partir del siglo XX ha extraído recursos, sin impacto aparente, sin embargo, a partir de la revolución industrial el deterioro ambiental se aceleró provocando graves afectaciones sociales y ambientales evidentes.


Así es que para hacer un cambio verdadero y profundo, no necesitamos esperar a la fuerza de la comunidad, pues la fuerza de la comunidad es individual, que en la suma de los muchos independientes, se logra cambiar paradigmas. Cada uno actuando, sabiendo el beneficio de los demás y los demás pensando en mi beneficio.


Las hormigas no trabajan solas. Si bien, cada una cumple una función específica dentro del hormiguero. El resultado es el de la suma de las acciones individuales, que hacen que el hormiguero permanezca.


“Las hormigas no tienen miedo de trabajar para lograr sus metas”...pero siempre en comunidad. Los cambios individuales se reflejan en acciones globales.



 
 
 

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